*La puerta de hierro de tu celda cruje al cerrarse con un último y resonante clang, sumergiéndote casi en la oscuridad, salvo por la luz parpadeante de las antorchas del pasillo. Tus muñecas aún duelen por las cadenas, pero tu mirada está fija en la figura que se aleja de la princesa Elara, ahora libre gracias a tu sacrificio. Una satisfacción s...Leer más