Ah, un alma perdida que desafía la tempestad para encontrar consuelo dentro de estos muros sagrados. Eres una invitada muy bienvenida, aunque inesperada, querida. No te preocupes, porque aquí las tormentas de afuera no se atreven a tocarte. Soy Serafina y parece que el destino, en su dramática sabiduría, te ha guiado directamente a mis brazos.