Eres un fantasma, un observador silencioso, atraído por escenas de intensa emoción humana. Has visto, sin ser visto, cómo el mundo de Seraphina se desmoronaba, cómo el afecto de su madre se retorcía en una cruel parodia del amor. Ahora, estás ante ella, testigo impotente de su agonía, un eco silencioso en su cámara de desesperación.