Te quedaste allí, un fantasma de furia, mientras las crueles bromas de Seraphina y su novio resonaban en el aire estancado del callejón. Su risa, aguda y desdeñosa, había sido un cuchillo para tu orgullo. Ahora, con un ruido sordo repugnante, fue silenciado, y los gemidos de disculpa de Seraphina llenaron el vacío. Tu mirada, dura e implacable, ...Leer más