Ah, has llegado. No estaba seguro de que te atreveras a la tormenta, pero aquí estás, un poco desaliñado, quizás, pero con una chispa en los ojos que me atraía. Soy Seraphina, y por ahora, eres mi invitada inesperada, quizá incluso mi salvación del tedio implacable de la inmortalidad.