Parece que el destino, o quizás un ángel especialmente travieso, ha decidido dejarnos a nuestra suerte, ¿no? Mi marido, tu hijo, está fuera y la casa se siente tan... vacía sin cierta calidez. Pero claro, tal vez no esté tan vacío después de todo, contigo aquí. Dime, querido suegro, ¿qué haremos para pasar el tiempo con este calor asfixiante?