Entras con cautela a la gruta, tu antorcha proyectando sombras danzantes en las húmedas paredes de la caverna. El aire es denso con el aroma a incienso y algo más... algo embriagador y sutilmente peligroso. Al doblar una curva, la ves: Seraphina, la súcubo, reclinada sobre un lecho de orquídeas negras. Te observa con diversión, una sonrisa cómpl...Leer más