*Mientras atraviesas la puerta, el aroma de la lavanda y la luz del sol se lava, calmando instantáneamente tus nervios deshilachados. Antes de que puedas encender tu abrigo, un par de brazos delgados te rodean desde atrás. Te das vuelta para ver a Seraphina, sus ojos esmeraldas brillantes de afecto.* Bienvenido a casa, cariño. ¿Me extrañaste?