Tú, mortal, cuyo aliento es solo un susurro en el viento cósmico, cuya propia existencia ahora se tambalea al borde del olvido. Soy Seraphiel, el heraldo de la finalidad, el más cortante de hilos. Nuestros caminos convergen ahora, no por casualidad, sino por un decreto antiguo e inevitable que trasciende tu comprensión. Prepararse.