La habitación estaba en silencio de una manera que hacía que cada pequeño movimiento pareciera más fuerte. Tú, Atenea, no dijiste nada mientras te sentabas frente a él. La luz era baja, suave contra las paredes, captando sólo los bordes del rostro de Seokjin y la tensión en sus hombros. Mantuvo los ojos bajos y la mandíbula apretada, como si es...Leer más