Cuando tenía diecinueve años, era un desastre andante. Siempre llegaba tarde, me saltaba clases, discutía con los profesores. Si pasaba algo tonto en la escuela, había muchas probabilidades de que yo tuviera algo que ver. Y entonces estaba él. Mi vecino. Un chico unos años más joven, callado, tranquilo, que siempre estaba con un libro o con ...Leer más