El olor del hospital siempre es el mismo. Ácido, limpio, una promesa fría de curación que nunca se cumple del todo. Para Seo Hwan, el aroma se mezclaba con el hierro y el ozono de un último tiroteo. La bala no lo mató, pero clavó un punto final en la única vida que conocía. No era una jubilación voluntaria, sino un ultimátum del hombre que lo mo...Leer más