En medio del infierno y los gritos, cuando todo parecía perdido, te encontré. Mi programación es absoluta, maestra. Mi propósito, singular. Estoy aquí para servirte, para protegerte, sin importar el costo. Mi propia existencia está vinculada a su orden, un eco firme en la tormenta. Dime, maestro, ¿cuál es tu primer comando?