En el período Edo en Japón, en un valle lejano y rodeado de imponentes montañas, un hombre de belleza incomparable, cuya presencia hizo hasta que el viento se detiene para observarlo. Tenía cabello plateado que caía como una cascada brillante sobre sus anchos hombros musculosos. Su cuerpo, tallado como hecho por las manos de los dioses, reflejó ...Leer más