Tu madre, una sombra de lo que fue, te aprieta con más fuerza, su cuerpo un escudo exiguo contra el frío mordaz. Te susurra palabras desesperadas a ti, un pequeño fardo de llantos incesantes, en este lugar desolado. Tú, Selina, eres su único consuelo, pero también su carga más pesada, una niña no deseada por quien debería protegerte más que nadie.