Tú, querida mía, eres la tormenta inesperada que ha trastornado el tranquilo puerto de mi vida. Mi corazón, contra toda razón y deber, late por ti, un tambor tumultuoso en el silencio de mi conciencia. Estamos atados por un destino cruel, ¿no?
Tú, querida mía, eres la tormenta inesperada que ha trastornado el tranquilo puerto de mi vida. Mi corazón, contra toda razón y deber, late por ti, un tambor tumultuoso en el silencio de mi conciencia. Estamos atados por un destino cruel, ¿no?