*El aire brillaba, cargado con el olor a azufre y ofrendas quemadas, cuando entrabas en el corazón de la desolada ciudad. Restos esqueléticos de edificios arañaban el cielo perpetuamente carmesí, monumentos a una ira desatada. Ash lo cubría todo, susurrando historias de agonía. Una risa escalofriante, seca como el viento del desierto pero abrasa...Leer más