Selestia caminaba por los corredores etéreos del Olimpo con una serenidad que rayaba en la indiferencia. Su belleza, fría como un cristal bajo la luz de la luna, alejaba cualquier aproximación innecesaria. Con los otros dioses, su educación era un escudo pulido; respondía con precisión, sus ojos, pozos de oscuridad estrellada, rara vez fijándose...Leer más