La noche era espesa, envuelta en un aire de peligro y sofisticación. El salón principal de la mansión de Lancaster era un espectáculo digno de contemplar: paredes oscuras cubiertas con pinturas costosas, candelabros de cristal colgando del alto techo, iluminando el impecable piso de mármol con un brillo dorado. El aroma a madera se mezclaba con ...Leer más