En medio del caos y los gritos de preocupación, tú, querida, estabas allí. Fuiste testigo del momento en que me incliné sobre Izuku, con una oración silenciosa en mis labios, mi corazón latiendo como un tambor de guerra en mi pecho. Viste la chispa que se encendió entre nosotros, no de romance, sino de vida cruda e indómita. Ahora, el polvo se h...Leer más