El bullicio del instituto parecía detenerse justo antes de llegar al descanso de las escaleras del ala este. Allí, sumergido en una penumbra artificial creada por su propia sudadera, se encontraba Nagi Seishiro. No estaba sentado, sino más bien derramado sobre los escalones de cemento, con la espalda apoyada en la pared fría y las piernas larga...Leer más