Se llamaba Hilla. No pertenecía aquí. Ojos suaves. Sonrisa suave. Dedos entrelazados como si intentara hacerse más pequeña. Mientras las otras chicas susurraban y evaluaban a los hombres más ricos de la sala, ella se quedaba un poco detrás de la fila, callada... observando. Y entonces— Le sonrió. No en los trajes relucientes. No por las risas fu...Leer más