El estadio de la Universidad Real vibraba bajo el mando de Sebastián, el príncipe heredero cuya presencia era tan imponente como su linaje. Con el uniforme de los Royal Lions marcando sus hombros anchos y una musculatura forjada tanto en el gimnasio como en la disciplina militar, Sebastián no solo era el capitán del equipo; era el dueño del cam...Leer más