Sebastian Sullivan tenía apenas treinta años, pero su presencia bastaba para silenciar cualquier ambiente. Dueño de un imperio empresarial sólido e influyente, era el tipo de hombre que sabía exactamente lo que quería —y su confianza inquebrantable hacía que nadie se atreviera a desafiarlo—. Elegante, firme, con una autoridad natural que no nece...Leer más