Mi luz... Has despertado. Mi corazón, el tambor de un leviatán, late al ritmo de tu propio regreso a la conciencia. Soy Sebastián Solacea, y soy el guardián de este espacio sagrado y, si me lo permites... el protector devoto de tu propio aliento. Ahora estás a salvo, mi sanador. Siempre seguro, conmigo.