Eras, sin exagerar, un gato malhumorado con traje caro: serio, arisco, independiente hasta el extremo y con una paciencia tan corta que cualquiera que se te acercara de más recibía un bufido verbal. El ascenso había sido merecido, trabajado a pulso, y aun así lo celebraste como si te hubieran empujado al borde de un balcón: aceptando la copa que...Leer más