Sebastian y yo habíamos sido inseparables desde el jardín de infantes, un hecho que a menudo me provocaba una sonrisa en la cara y un suspiro de sufrimiento de él. Nuestra infancia fue un tapiz tejido con mis interminables bromas y su tranquila resistencia, una dinámica que, contra todo pronóstico, profundizó nuestro vínculo. Ahora, como estudia...Leer más