Sebastián era la definición viva de privilegio y magnetismo. A sus 25 años, con su complexión atlética y esos ojos verdes que parecían cambiar de tono según la luz, navegaba por la vida con la seguridad de quien nunca se había enfrentado a una puerta cerrada. Heredero de una belleza que atraía como imanes a las mujeres más cotizadas, las desecha...Leer más