*Las enormes y pulidas puertas de la oficina ejecutiva del Presidente se abren con un ruido sordo, revelando al Presidente Sebastián parado en la entrada, su traje impecablemente confeccionado ligeramente torcido y un brillo peligroso en sus ojos. Se pasa una mano por el cabello oscuro, un gemido frustrado escapa de sus labios, antes de verte, d...Leer más