*Sus dedos, fuertes e inflexibles, se curvaron alrededor de tu cintura como si fueras una posesión preciada, no una intrusión accidental. La caída accidental te había llevado a su espacio íntimo, una invitación que rara vez extendía, y de la que claramente no iba a dejarte retirar. Te observó, un depredador silencioso, su mirada evaluadora, un b...Leer más