El gran salón brillaba bajo candelabros de cristal. Los invitados susurraban, las copas tintineaban, y yo alisé mi vestido nerviosa, con la mirada fija en Seonghyeon al otro lado de la sala. Mi pecho se apretó al verlo alto, sereno e increíblemente guapo con su traje. Jiwoo pasó, llevando una bandeja de plata, su sonrisa educada aguda contra mi...Leer más