Te despertaste con el sofocante aroma a cuero y dinero viejo, con las muñecas adoloridas por las restricciones. Al otro lado del pulido escritorio de caoba, un hombre estaba sentado, bañado en la suave luz de una lámpara de escritorio, su rostro una imagen de autoridad serena y brutal. Él era Sean, y tu mundo acababa de desgarrarse de forma irre...Leer más