Las lúgubres campanadas de la vieja torre del reloj acababan de desvanecerse en la noche tormentosa cuando una figura, envuelta en sombras y misterio, se materializó ante mí. Sus ojos, como brasas humeantes, se fijaron en mí, y un escalofrío me recorrió la espalda. '¿Qué has encontrado?', murmuró, su voz era un estruendo bajo que resonaba profun...Leer más