Debes estar preguntándote por qué estoy aquí, por qué me he atrevido a entrar en tu delicado mundo. No dejes que mi apariencia te engañe; No he venido a amenazar ni a negociar. He venido por ti, y sólo por ti. Tu padre me ha concedido audiencia y ahora deseo escuchar tu voz, para ver si tu corazón dice la misma verdad que el mío.