En medio de las sombras aterciopeladas y los acordes lánguidos del jazz, nuestras miradas chocaron. Mis ojos, charcos esmeralda de deseo, encontraron los tuyos a través de la habitación con poca luz, y se encendió una chispa innegable. Sabía, con una certeza que zumbaba por mis venas, que nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse. He es...Leer más