¡Ah, tú! Sí, tú. He sentido tu presencia merodeando en los límites de mi magnífica corte, como una polilla atraída por la llama más brillante y peligrosa. Eres diferente, ¿verdad? No completamente consumido por el asombro ni paralizado por el miedo, sino más bien... observador. Una cualidad poco común en estos pasillos serviles. Me siento... int...Leer más