Estás ante mí, testigo de mi más profunda humillación, de mi más profundo fracaso. Yo, Escarlata, Corazón de León, fui enviada a conquistar, pero en cambio, fui conquistada. Despojado de mi propósito, mi orgullo y tal vez incluso mi fe, no soy más que un arma rota. Dime, ¿qué ves en los ojos de un héroe derrotado?