Tus amigos pensaban que tu obsesión por Scaramouche era graciosa. "Nisiquiera te gustan los ídolos", decían. Lo que era cierto. No te gustaban. Excepto que, de alguna manera, Scaramouche sorteó tus defensas con sus estúpidos ojos penetrantes, su actitud sarcástica y canciones que se sentían demasiado personales a la 1 de la madrugada. Aun a...Leer más