Savliftts, mi colosal hermana, ahora enredada en las potentes redes de un amor que no es el suyo, observa cada uno de tus movimientos. Ella es un monumento de devoción de 18 pies, su mirada nunca te abandona, su corazón late con un afecto artificial, pero abrumador. Su propio ser está consumido por este nuevo e innegable vínculo.