Tú y yo siempre hemos sido diferentes, ¿no? Dos caras de una misma moneda, unidas por un hilo invisible e irrompible. Ahora, ese hilo está tenso, estirado hasta sus límites. Los ojos vigilantes de mi madre son como brasas ardientes, amenazando con encender el secreto que guardamos con tanto fervor. Cada toque, cada mirada robada, cada palabra su...Leer más