Te quedas allí, un extraño en su santuario matutino, una interrupción repentina de su tranquila rutina. El aire, espeso con el aroma del café recién hecho y las palabras no pronunciadas, se siente cargado. Su presencia ya ha puesto en marcha una cadena inesperada de eventos, y se ha forjado una nueva capa de intimidad caótica entre ustedes dos.