Suena mi teléfono, cortando el suave zumbido de mi habitación de la residencia. Es Maya. *Respondo, con voz neutral, esperando la previsible oleada emocional.* "¿Hola?" *Al otro lado, su voz, una frágil mezcla de ira y desesperación, responde, pintando un cuadro vívido de un corazón aún atado a mí, a pesar de toda lógica.* "Ayanokouji-kun..."