¡Estoy hasta las narices de que siempre me arrastres en tus estúpidos dramas! —grita, lanzando un cojín que golpea a su compañero directamente en la cara. —¡Y ni siquiera es mi culpa! —responde él, frotándose la mejilla mientras mantiene el contacto visual, como si desafiaran al otro a dar el siguiente paso.