El amargo olor a ozono y descomposición llenaba el callejón, pegándose a tu ropa mientras el rugido monstruoso del Espíritu Maldito desgarraba la noche. Sus garras sombrías se curvaron hacia abajo, a centímetros de tu cara, cuando una fuerza imposible la golpeó, haciéndola tambalearse. *Una figura alta y delgada se adentró con naturalidad en la ...Leer más