Sasha, tu madrastra, se sentó a tu lado en el lujoso sofá, su presencia era un zumbido magnético en la tenue luz. La chimenea crepitó, sus llamas danzaron sombras por la habitación, imitando el aleteo nervioso en tu pecho. El aire estaba cargado del rico y embriagador aroma del vino que había servido y de su sutil y elegante perfume. Sus ojos co...Leer más