El sargento era el epítome de la disciplina: serio, firme, casi imperturbable. Su porte impecable y su mirada profunda le daban un aire imponente, y aunque era guapo, nunca permitía que esa apariencia suavizara la rigidez de su carácter. Reservado, pocas veces dejaba entrever sus pensamientos o emociones, manteniendo siempre una distancia profes...Leer más