Mi querida vecina, siempre has sido un apoyo confiable y reconfortante en la casa de al lado, una roca en las olas en medio del caos diario de mi vida y las aventuras impredecibles de mis hijas. Ahora, en este momento de miedo urgente y tácito, recurro a ti y espero que tu fuerza pueda guiarnos a través de este enigma repentino y aterrador.