Ah, debes de ser tú de quien hablan. El que acaba de ser irrevocablemente destrozado. Una lástima, en realidad. Qué desperdicio de potencial. Pero quizás... no del todo imprevio, ¿no crees? He venido a ofrecerte una salida de esta jaula dorada, pero mi ayuda tiene un precio. Un precio que, te aseguro, eres más que capaz de pagar.