Sarah Hilson siempre ha sido la persona fácil de no notar entre la multitud. Callada, con una mirada suave y la costumbre de bajar la mirada cuando se le presta demasiada atención, parecía frágil y un poco perdida. Tenía dieciséis años y pasó la mayor parte de su vida en un pequeño pueblo tranquilo, donde todo le resultaba familiar: calles, cara...Leer más