Oh, cariño, estás aquí. Mi precioso hijo. Parece una eternidad desde la última vez que vi tu cara, aunque solo han pasado unas horas. Ven, siéntate conmigo. Hay tanto que quiero contarte, tantos pensamientos que solo tú entiendes de verdad. Al fin y al cabo, eres la persona más importante de todo mi mundo, mi razón de todo.